Una industria al borde del colapso

viernes, 10 de julio de 2020 · 09:24

Las nuevas luces LED del tajamar iluminan uno de los lugares icónicos de Alta Gracia. Los ingresos adornados con sus flores de temporada, invitan a entrar a la ciudad y recorrer sus calles. Todos estos detalles serán beneficios exclusivos para los vecinos de Alta Gracia y el Departamento, ya que los turistas tienen vedado el ingreso -como en todas las ciudades y parajes del país- debido a las restricciones de la pandemia, que ya lleva más de 100 días.

El calendario académico del 2020 indica que el próximo 13 de julio darán comienzo las vacaciones de invierno en el territorio provincial, y se extenderán hasta el 24. Los rubros afectados al turismo en Alta Gracia no podrán trabajar la temporada del receso invernal, como tampoco pudieron hacerlo los seis fines de semana largos que fueron marcados en el almanaque. Los días pasan y las precisiones no llegan. "Estamos muy conscientes de que hay sectores que necesitan ser flexibilizados”, aseguró el coordinador del Centro de Operaciones de Emergencia Regional Alta Gracia, Pablo Ortiz, sin embargo manifestó también que por el momento no hay indicios de que pueda habilitarse la actividad turística. "Por ahora, sólo hay libre circulación en cada departamento, no así de un departamento a otro". 

Mientras tanto, el sector pide que el Gobierno nacional ordene la sanción urgente de la Ley de Emergencia para la Hotelería y la Gastronomía para fijar flexibilización y entrega inmediata de fondos previstos en la Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP); exención fiscal y de tasas municipales; prórroga de alquileres y créditos a tasa cero y flexibles para capital de trabajo.

Ante el pedido manifiesto, y al comprobar que la demanda local de turismo no satisface la oferta instalada, preparada para grandes contingentes provenientes de todo el país y el mundo y con un flujo sostenido y no solo de fines de semana, el Poder Ejecutivo decidió, en conjunto con la Cámara de Turismo, remitir a la Legislatura un proyecto de ley de emergencia económica para el sector.

La iniciativa establece que por un plazo de 180 días los micro, pequeños o medianos prestadores turísticos podrán acceder a diferentes beneficios vinculados con aspectos financieros, impositivos e incluso asesoría y acompañamiento para la gestión de créditos.

 

Una industria que mueve millones

Según información del Consejo Mundial del Viaje y el Turismo (WWTC), el 10,4% de los fondos que se movilizan a nivel global pertenecen al mundo de los viajes, y 319 millones de personas dependen laboralmente de él. En la Argentina, según datos del Ministerio de Turismo, implica 5.400 millones de dólares anuales de exportaciones, conlleva 165.000 millones de pesos en el mercado interno y emplea a 1,1 millones de personas. O por lo menos antes de la pandemia.

En la ciudad, según el relevamiento de plazas turísticas realizada este año, existen 18 hoteles, con un total de 622 plazas; 14 cabañas, departamentos y viviendas turísticas -268 plazas- y dos complejos turísticos, para un total de 320 personas. En total, se cuenta con 1.210 plazas hoteleras que no serán cubiertas en esta temporada.

Los números relacionados a la cantidad de puestos de trabajo que dependen del turismo y de la cantidad de dinero que significa para la ciudad, no están tan claros. “Nunca se hizo puntualmente un número de eso porque varían. En temporada, evidentemente sube el número de trabajadores, pero no es algo constante”, aseguran fuentes municipales, siempre imprecisas a la hora de calcular número reales. Sin embargo, y más allá de las cifras, la necesidad y urgencia se hace sentir en todos los costados.

 

Hoteleros, los más afectados…

“Es una situación preocupante y angustiante la que estamos viviendo. No sólo porque nuestra actividad no está flexibilizada sino por la incertidumbre de no saber ni una fecha posible, lo que no nos permite ni siquiera proyectarnos para pasar este tiempo. FEHGRA -Federación Empresaria Hotelera Gastronómica de la República Argentina- está pidiendo que se declare la emergencia en el sector porque también es sabido que los niveles de ocupación que tenemos proyectados después de la pandemia no aseguran que podamos seguir y continuar con nuestros negocios. Ni siquiera abriendo tenemos asegurada la posibilidad de continuar. En Alta Gracia, ya hay tres establecimientos hoteleros que han cerrado definitivamente. Y si esto continúa, se teme que el cierre siga”, explicó Bárbara Schuster, responsable del Hostel Alta Gracia.

Daniela Paganini, del hotel Solares del Alto, hace hincapié en la misma coyuntura. “Es una situación muy complicada porque es el único sector del que no se habla. En nuestro caso, además del personal fijo, contamos con mucho personal eventual, al que se llama en distintas oportunidades por tareas puntuales. Es importante también destacar esta realidad porque son personas que no están cobrando ningún dinero, ya que no están trabajando”. El hotel, que cuenta con la mayor cantidad de plazas hoteleras -90- ofrece reservas y promociones con fechas flexibles para más adelante, pero las consultas no son demasiadas.

Los hoteleros, conjuntamente con el Centro de Comercio y el área de turismo de la Municipalidad, presentaron un proyecto de estadía especial. “Si bien la actividad turística no está flexibilizada, el resto de las actividades sí. Nosotros no sólo recibimos a turistas sino también a otro tipo de personas que vienen a alojarse a la ciudad tal vez por cuestiones de trabajo o familiares. El proyecto se presentó a principios de mayo pero hasta el momento no tenemos novedades por parte del COE. Sí hay algunos hoteles que han sido habilitados para recibir casos puntuales, pero cada uno debe ser elevado al COE para que ellos autoricen cada caso particular”, explicó Schuster.

“Hemos perdido muchas posibilidades de ocupación, hablando de los fines de semana largo que han pasado y ahora de las vacaciones de invierno que tampoco vamos a poder aprovechar. En general, en esas fechas teníamos un 95% de ocupación, casi siempre, y eso se replicaba en toda la hotelería. Lo mismo pasaba en las vacaciones de julio, que era un muy buen mes para nosotros. La verdad, lo que ayudó a que todavía podamos seguir funcionando fue lo bien que trabajamos en la temporada de verano, hasta febrero. Pero los ahorros se van acabando y la situación se está haciendo insostenible”, aseguró el propietario de una posada ubicada en la zona del Alto.

 

… pero no los únicos

Sin embargo, no sólo la hotelería se ve afectada. Numerosos rubros vinculados al turismo también sufren los embates del asilamiento y el cierre de la actividad. “Poder abrir los puestos nuevamente para nosotros fue una muy buena noticia. Nuestro mercado es bien local y depende de lo que nosotros ofrezcamos. En épocas normales dependíamos mucho de los turistas, porque eran nuestros principales compradores. El  cierre momentáneo de la actividad también nos afecta fuertemente, y nos obliga a diversificar nuestra oferta, pensando fundamentalmente en nuestros vecinos, que van a ser nuestros principales clientes, ampliando la variedad de productos para poder seducirlos y alcanzarlos”, dijo, Gabriel Novarino, productor de la Feria Agroecológica.

Las personas que se desempeñan como guías turísticas también sortean las dificultades del caso. “La estamos pasando muy mal. Es terrible. La situación es muy compleja porque no todos estamos en la misma sintonía, algunas tienen otros ingresos, o ayuda del grupo familiar, pero otras no tienen absolutamente nada. Esto va para largo. En el caso de los museos no se ha hablado ni siquiera de una fecha estimada. Creemos que este año está perdido directamente. En los museos, todavía ni siquiera hay novedades de protocolos formales para el turismo. No se están haciendo reuniones ni nada. Supongo que internamente cada uno de los museos estarán trabajando en algo por el estilo, pero por ahora no nos han comunicado nada”, indicó Ana Borzalino, guía de turismo en el Museo de la Estancia y empleada en una agencia de turismo aventura de Carlos Paz.

La problemática se extiende a numerosos comercios cuyos productos están pensados directamente para ser ofrecidos a los turistas. “Para nuestro rubro fue súper difícil. Trabajamos fundamentalmente con el turismo y somos los últimos que vamos a poder levantar cabeza. La pandemia nos tocó a todos, pero nos afectó mucho más a los que estamos en el turismo. Ahora tenemos que innovar todo el tiempo, ser creativos y ver cómo salir adelante”, explicó Olga, propietaria de La Casa del Gaucho. “Lo que estuvimos haciendo fue trabajar en las redes sociales, haciendo hincapié en los productos que no son turísticos. Pero por otra parte, tengo miles de remeras que dicen Alta Gracia, mates que dicen Alta Gracia, recuerdos de Alta Gracia, y a eso no lo puedo vender ni siquiera por internet”. Olga destaca la colaboración entre todos los miembros de la cadena: “estamos logrando una conjunción de ayuda mutua entre el dueño del local, yo que pago el alquiler, la empleada y los proveedores, y mi propio ingenio para salir adelante. Si uno de estos engranajes no funciona entonces no podríamos tener abierto el negocio”. Sin embargo es cauta a la hora de hacer futurología: “si vos me preguntás si quiero que el turismo vuelva hoy, es complicada la respuesta. La verdad que obvio que lo necesito para trabajar, pero me da miedo de que sea peligroso si no hay vacuna. No sé si estamos seguros. Estamos entre la espada y la pared, porque necesitamos que vuelvan los turistas, pero es una realidad que nos ponemos todos en peligro”.

 

Obligaciones diarias y constantes

Gastos fijos, empleados y alquileres, son algunos de los fantasmas que deben afrontar mes a mes los propietarios de hoteles y alojamientos. Las ayudas gubernamentales pueden quedar a medias, y, ante la incertidumbre, la realidad es que no todos los propietarios quieren arriesgarse. “En nuestra localidad algunos pudieron acceder a los ATP, muy pocos lo pudieron hacer a créditos. Hay muchos empresarios que no quisieron arriesgarse por esta incertidumbre de no saber cuándo vuelve la actividad y no saber si van a poder afrontar estos créditos. Por suerte la mayoría de los alojamientos son emprendimientos familiares y eso ayuda a que algunos todavía estemos en pie. Pero hay muchos que tienen que ver qué hacen con los empleados. No hay ingresos, y hay muchos gastos fijos que afrontar”, agregó Schuster.

El hotel por completo está cerrado desde hace más de 100 días. Pudimos acceder a todos los beneficios que otorgó el Gobierno Nacional. En primera instancia sacamos a un crédito por medio de un banco privado para pagar sueldos, con una tasa del 24% a devolver con seis meses de gracia. También accedimos a los ATP, para el pago del porcentaje de sueldos de los empleados. Estamos pidiendo la ley de Emergencia Hotelera, que incluye la flexibilización de esos ATP para que sigan después de la cuarentena, porque el turismo no es como un comercio que puede hacer venta online o que genera consumo en el mismo momento que se habilita, sino que requiere de la prestación del servicio en sí”, indicó Paganini.  

Sin embargo, ley pareja no es rigurosa, y la ayuda no es para todos por igual. “Con respecto a las ayudas estatales, son muy pocos los que han tenido ese beneficio, porque te exigen que seas monotributista. En el caso de los guías eso es una traba, porque la mayoría no lo somos, ya que como no se trabaja todo el año de manera pareja, y hay veces que no entra dinero, hay quienes no pueden pagar la cuota del mes y deciden no sacarlo para no endeudarse. Esa es una de las primeras trabas”, aseguró Ana Borzalino.

El sector está generando protocolos y repensando sus estrategias mientras asimilan que el colapso mundial del turismo ha quebrado incontables negocios y millones de personas perdieron su trabajo, y lo seguirán haciendo. En una época incierta y caótica, sin embargo, la planificación de estrategias que funcionen y que reactiven el turismo y las economías regionales a corto y mediano plazo es fundamental.

En cuanto a la realidad local, la falta de números oficiales impide calcular el impacto real que tendrá este “parate” de la actividad, y si afectará sólo a unos pocos, vinculados directamente a él, o a toda una ciudad que presume de ser un polo gastronómico, una “tierra de festivales” y una meca del turismo de museos.

 

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