GÉNEROS.

Las nietas

domingo, 30 de agosto de 2020 · 03:29

“Cambia lo superficial

cambia también lo profundo

cambia el modo de pensar

cambia todo en este mundo”

Es difícil leer los versos que preceden estas líneas sin escuchar mentalmente la voz de Mercedes Sosa entonándolos magistralmente. Sin embargo, su autor fue el compositor chileno Julio Numhauser Navarro. La letra de la canción alude a que, como su título lo indica, todo cambia. A veces se trata de cuestiones pequeñas, que pasan desapercibidas o que se logran advertir recién cuando han quedado en un pasado remoto. Otros, son cambios repentinos y bruscos, que arrasan con el orden para poner todo patas arriba e instaurar un nuevo estado de las cosas.

Heráclito de Éfeso, el filósofo del cambio, vivió en Grecia entre los siglos VI y V antes de Cristo. A él se le atribuye la frase de que ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río. El fluir del agua no solamente implicaba una transformación en el cauce, sino que también el propio ser humano era distinto a cada momento. Esa metamorfosis constante en la esencia de la humanidad, es expresada de modo impecable por Jorge Luis Borges en Otras inquisiciones: “El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy ese río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego”. Esa idea de cambio constante es aplicable al individuo, pero también a las sociedades. Lo superficial, lo profundo, el modo de pensar... matices que se transforman de a poco, pero que impactan hasta el punto de que el río no sea el mismo.

Cuatro mujeres brutalmente asesinadas, una puerta que no fue forzada y un hombre que tranquilamente solicitaba a un servicio de emergencias: “Buenas noches. Necesito que vengan, están todas muertas” para luego agregar: “Hay cuatro bultos en mi casa”. El título de uno de los diarios de mayor tirada en el país en aquel momento fue “Matan a las cuatro mujeres de una familia”. La publicación planteaba dudas respecto de que el móvil fuera un robo y se refería al hombre que se convirtió en el principal sospechoso como “el jefe de la familia”. Tres años más tarde, una banda liderada por Pablo Marchetti y llamada Sometidos por Morgan lanzaba “La cumbia del odontólogo”. No fue la primera ni la única canción en homenaje al cuádruple femicida. Le siguieron “Barreda`s Way”, de Attaque 77 -encabezado por Horacio Demián “Ciro” Pertusi-  que indicaba que el criminal no quería seguir volviéndose loco y que “si volviera a nacer, lo habría intentado otra vez”. “Milonga para Barreda”, canción escrita por Horacio Fontova,  relató que el odontólogo se perdió en un agujero negro. “La argentinidad al palo”, de la Bersuit Vergarabat liderada por Gustavo Cordera, reza en uno de sus versos “Monzón y Barreda también matan por amor”.

El odontólogo de La Plata no es el único femicida que ha recibido homenajes en canciones. “¿Quién podrá quererte como yo te quiero, amor? / ¿Quién pregunto, quién podrá quererte como yo? / siempre lo decías y me atabas a tu piel, / con ramos de besos y escuchábamos caer, / sobre los techos de zinc / lluvias de otoño en abril”. Con esa poesía deliciosa, Víctor Heredia también se encargó de engalanar a un asesino en su obra “Bailando con tu sombra (Alelí)”. Pablo, dos Horacios, Gustavo, Víctor… Cuesta creer que sea una casualidad el hecho de que todos los artistas que sintieron empatía por femicidas hayan sido varones.

Sin embargo, aquel río ya transitó su curso. “Barreda´s Way” se presentó en 2003. “Bailando con tu sombra” y “La argentinidad al palo” fueron lanzadas al año siguiente. Dieciséis años más tarde, los femicidas ya no tienen canciones en su honor. También dejaron de existir los crímenes pasionales, la violencia de género ya no es un conflicto de pareja sino una problemática social. El patriarcado no se cayó, pero recibió algunos golpes.

Agua, arena, troncos, árboles caídos y piedras de todos los tamaños son arrastrados todos los años por incontables crecientes de los ríos. Reclamos, luchas y movimientos sociales chocan contra las estructuras seculares y más conservadoras de la sociedad. El río baja y la playa parece igual a lo que era antes de la ola, pero ha cambiado para siempre… o hasta que venga una nueva creciente. La expresión “crimen pasional” es una falta de respeto y rigurosidad; las parejas del mismo sexo tienen derecho a celebrar casamientos; los miembros de los distintos ámbitos del Estado deben capacitarse en materia de género; los fallos judiciales machistas son repudiados hasta por el Tribunal de Casación Penal. Ninguno de los logros mencionados anteriormente fue azaroso o pura generosidad altruista. Fueron conquistas de movimientos con una larga trayectoria. Las nietas de las brujas que nunca pudieron quemar, como cantan a viva voz millones de jóvenes en las marchas feministas.

“Los temas de género también ocupan un espacio en nuestra agenda de gobierno” declaró ante la Asamblea Legislativa el presidente Alberto Fernández en la apertura de sesiones ordinarias el pasado 1º de marzo. Así como la creación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad se replicó en la provincia y hasta en Alta Gracia con la implementación de la Dirección de Políticas de Género, lo mismo sucedió con las palabras. “Una característica de la nueva orgánica municipal que hemos puesto en marcha hace pocas semanas, es la Dirección de Políticas de Género, que tiene como principal objetivo trabajar de manera transversal distintas aristas referidas a la igualdad e inclusión de la mujer en todas las orbitas públicas y privadas”, anunciaba el mismo día Marcos Torres Lima en el hall del Instituto Nuestra Señora de la Misericordia.

 

Entre el infierno y el cielo

“A mitad de camino entre el infierno y el cielo”. Con ese verso, Joaquín Sabina describe a su amada Madrid. En materia de acciones tendientes a ampliar los derechos en cuanto a materia de igualdad de género, Alta Gracia se encuentra en un sitio similar. Al mirar hacia adelante, el rumbo por andar es tan vasto que cuesta ver el horizonte. Sin embargo, igual de extenso es el camino transitado.

Un mes y diez días antes de que Ricardo Barreda asesinara a su suegra, su esposa y sus hijas, en Alta Gracia la ordenanza 2.585 del año 1992 creaba la Casa de Protección Familiar Eva Perón. La misma se instauraba debido a “la necesidad de frenar el avance de problemas familiares y sociales como lo son el maltrato de mujeres y niños, el alcoholismo, sida y drogadependencia”, según indicaba el texto de la norma. Más allá del ruido que producen algunos términos a la luz de casi tres décadas a posteriori, en aquella norma no dejaban de ser innovadores algunos puntos centrales: el Estado intervenía en “problemas familiares”, como se consideraba en aquel momento a la violencia de género y el maltrato infantil; se planteaba designar un equipo interdisciplinario, con médico y asistente social, para abordar esas problemáticas y se legislaba sobre la prevención de la violencia.

En 2008, algunos paradigmas habían cambiado. Por eso mismo, la ordenanza 2.585 fue modificada por la 7.957, que solamente eliminó la idea de que debían ser un médico y un asistente social quienes se encargaran del área y la sustituyó por un “Equipo Interdisciplinario de Profesionales que estará a cargo de un profesional idóneo en las temáticas mencionadas, bajo la esfera del concepto de Atención Primaria de Salud”.

Silvia Costamagna fue asesinada por su exmarido, Roberto Martínez, el 11 de enero de 2009. A Verónica Presson, Luis Olmedo la mató el 13 de septiembre de 2010. Valeria Villarreal murió a manos de Dante Tinari el 26 de septiembre de 2013. Johana Altamirano sufrió la misma tragedia a cargo de Rafael Busto el 28 de abril de 2016. Silvia Maddalena encontró la muerte encarnada en Héctor Abel Gómez, el 17 de mayo de 2018. En algunos casos, los agresores tenían impedimento de acercarse a quienes se convirtieron en sus víctimas. En otros, había denuncias previas. Solo en el último hecho, no había ningún tipo de relación entre Silvia y Héctor.

Las políticas en materia de violencia de género no pudieron salvarlas. El dolor se transformó en lucha, en grito, en reclamo. El 3 de junio de 2015, las calles de Alta Gracia se llenaron de gente marchando bajo el lema “Ni una menos”. Cuatro años más tarde, el proyecto presentado por la Asamblea Feminista de Paravachasca llegó a convertirse en ordenanza y la Ley Micaela se convirtió en estandarte de la política de género local. Incluso, fue bandera levantada por aquellas representantes de las mujeres que le temen al término feminista o que le escapan a la exposición pública.

En agosto de 2020, ya en la segunda década del siglo XXI, el Departamento Ejecutivo presentó un proyecto para modificar -y derogar- las ordenanzas anteriores de la Casa de Protección Familiar Eva Perón. Con términos adecuados al contexto y un esquema acorde al organigrama actual de la Municipalidad, se postula que la Casa de Protección Familiar Eva Perón nucleará al Área Asistencial de la Violencia de Género, Familiar y de la vulneración de derechos en la niñez y adolescencia, el Área de Salud Mental y el Centro Asistencial de las Adicciones Alta Gracia. Además, se establecen las labores específicas de cada sector.

 

Sin vergüenza

Los reclamos a viva voz continúan. “El Estado es responsable” se convirtió en consigna para exigir una adecuada protección, prevención y erradicación de la violencia hacia las mujeres. La exigencia no son palabras, sino acciones.

Mientras tanto, este 2020 aún no se ha conformado ninguno de los consejos participativos, en el que está incluido el Consejo de la Mujer. No es un dato menor en un año en el que las denuncias han aumentado debido al aislamiento. “Quedate en casa” en muchos casos significó “No te separes ni un segundo de tu agresor”. Aunque cabe destacar que tampoco ha habido acciones concretas desde ese órgano que apunten al tratamiento de las problemáticas de género. Las actividades eran principalmente charlas o conferencias que, si bien contribuyen, no son un eje central para prevenir y erradicar la violencia. Con un objetivo difuso, un organismo cuya creación fue pedida a gritos durante casi una década, pasó casi un año inactivo sin que nadie lo añorara.

Desde su creación, la Dirección de Políticas de Género solamente ha trabajado en la implementación de capacitaciones en el marco de la Ley Micaela -que no se brindaron en su totalidad- y en la articulación con programas provinciales. Entre su llegada a ese cargo y su mudanza al Concejo Deliberante, Mónica Prada -su encargada- no encontró momento oportuno para dialogar con la prensa sobre su labor. La misma representante del pueblo se consideró -en una entrevista con Siempre Radio 93.3 al tomar posesión de su banca- como “una referente de los derechos de las mujeres”, pero esquivó de un brusco volantazo la palabra “feminismo”. Con la asunción de Prada en su banca legislativa, la Dirección de Políticas de Género se fusionó con la de Relaciones Institucionales. Valeria Amasteis sumó una tarea más a sus funciones en un área que parece quedar cada vez más escondida.

El 18 de agosto, se creó a nivel nacional un gabinete específico para revisar que todas las políticas públicas tengan una perspectiva de género. Porque se trata de una problemática que abarca todas y cada una de las áreas. La única manera de atenderla es desde cada lugar de la función pública: desde la obra pública hasta la educación.

Mientras tanto, las políticas de género de Alta Gracia permanecen en la orilla, tomando aquello que suene políticamente correcto y no ocasione controversia. Sin embargo, cuando llegue la ola de la creciente, la orilla será el peor lugar para situarse. La única manera de que la corriente no arrase es ser parte del río.

 

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