Restricciones.

Entre el fuego y las brasas

Por Jorge Conalbi Anzorena
lunes, 12 de octubre de 2020 · 18:08

El virtual regreso a la Fase 1 del aislamiento social preventivo y obligatorio -popularmente conocido como cuarentena dura- encontró en Alta Gracia conatos de rebelión. La encabezan emprendimientos gastronómicos y gimnasios, dos de las actividades más castigadas por las restricciones, aunque hay sectores que las han sufrido con mayor severidad, como guarderías, hoteles y actividades culturales o vinculadas al turismo, entre otras.

Entre el fuego y las brasas: el gobierno municipal debe optar por mirar hacia otro lado ante la violación de un decreto presidencial o aplicar mano dura multando y clausurando comercios. Hasta ahora, Marcos Torres Lima busca la tercera opción y se esfuerza en persuadir a los emprendedores argumentando razones, mientras sostiene en sus manos las fajas de clausura.

Entre el fuego y las brasas: el Intendente -uno de los que más flexible se mostró a la hora de habilitar actividades- sabe que ceder a las presiones implicará -más temprano que tarde- el colapso sanitario. Primero, con la falta de personal de Salud para atender a los enfermos. Esa situación ya es grave en la ciudad y las búsquedas de profesionales médicos por parte de la Municipalidad se repiten semana a semana. Después, terminará colapsando la capacidad hospitalaria y se deberá decidir a quién se atiende y a quién no. Ni hablar del costo político que conlleva retroceder y la proyección de una imagen de debilidad ante la Provincia y la Nación.

Entre el fuego y las brasas: Los comerciantes gastronómicos y propietarios de gimnasios llevan meses sin poder trabajar. La normalidad perdida en la pandemia ofrece escasísimas posibilidades de reconversión y las deudas se acumulan mes a mes sin que ingrese dinero para afrontarlas. Muy pocos pudieron acceder a las muy básicas medidas de auxilio impulsadas por el gobierno nacional. Muchos tuvieron dificultades para calificar para las ATP, el pago de la mitad de los sueldos por parte del Estado Nacional, ya que demanda contar con trabajadores en blanco. Para la mayoría de estos comerciantes, mantener las puertas cerradas podría significar no poder volver a abrirlas. Desafiar el DNU presidencial podría implicar consecuencias similares.

El gobierno nacional ha destinado miles de millones en intentar morigerar los efectos económicos de la pandemia, pero resultó a todas luces insuficiente.

La administración central no sólo pudo confirmar que Mauricio Macri no dejó un país desendeudado, sin pobres, con pleno empleo y crecimiento ascendente. Por primera vez en la historia un gobierno argentino cuantificó -proponiéndoselo o no- la envergadura de la tragedia: se diseñó el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) para tres millones de personas, pero resultaron ser nueve y hay tres millones más en discusión. Se instrumentó la Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP) para paliar la situación de las pequeñas y medianas empresas, pero por la ventana del decreto se colaron los gigantes fugadores de divisas, que no viven de producir, sino de especular en la fiesta financiera.

Preso de un orden jurídico diseñado para impedir la redistribución y la justicia social, el gobierno nacional tropieza una y otra vez con piedras que no debería haber dudado en quitar de su camino.

En todo el mundo no hay -hasta que se cuente con la vacuna- otra forma de enfrentar al Covid 19 que no sea restringir la circulación de personas. Israel, Alemania, España, Inglaterra y Francia son sólo algunas de las naciones que debieron dar marcha atrás en las aperturas. Son países centrales que cuentan con red, con malla de contención social, sin pobreza estructural ni deudas externas impagables. Pero esto es Latinoamérica, tierra arrasada por saqueadores externos asociados a vampiros vernáculos.

Disminuir la circulación de personas es lo único que le pone algún freno al virus y las estadísticas de la propia ciudad de Alta Gracia así lo demuestran.

¿Cómo asistir a los comerciantes que deben mantener sus emprendimientos cerrados sin cobrarles un impuesto permanente -y no por única vez- a las grandes fortunas?

¿Cómo transformar el IFE en la renta básica universal que promueven Jeff Bezos, Mark Zuckenberg y Bill Gates, sin tocar a los sectores del privilegio improductivo?

Jamás en su historia la humanidad produjo la riqueza con que cuenta en la actualidad. Tampoco nunca antes, esa riqueza estuvo concentrada en tan pocas manos.

Será imposible enfrentar la pandemia tejiendo redes de contención para trabajadores y pequeños emprendedores -gastronómicos y propietarios de gimnasios incluidos- sin encarar el juego barajando y dando de nuevo.

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