Opinión

"Mi historia en el hospital Arturo Illía"

Por Graciela Ghirardi (*)
sábado, 28 de noviembre de 2020 · 17:58

Apenas acababa mi residencia, mayo 1981, 26 jóvenes años, dos hijos, el doctor de sus controles de pediatría, me comenta que había estado en el Hospital de Niños la directora del Hospital de Alta Gracia y que necesitaban patólogo…entonces lo decidí, me tome un Satag en la terminal de ómnibus de Córdoba y me baje justo al frente. Apenas entrando al hall, me encuentro con una doctora muy amable, luego supe era Graciela Freije, que me pregunta que necesitaba, le conté, inmediatamente, sonrió ampliamente, feliz, y me acompaño a dirección.

Por supuesto me llevaron a quirófano, los cirujanos con Dr. Manolo Frías al frente en esa época, me contaron que llevaban los estudios de anatomía patológica  al Hospital Rawson de Córdoba y por cierto, demoraban mucho los resultados. Desde ese día, me sentaba en un banquito al lado de cirugía, esperaba terminaran de operar, cargaba  el material a estudiar, y partía nuevamente en el Satag de regreso. Les hacia la MACRO y lo llevaba por ese tiempo a técnica de Córdoba, pagaba de mi bolsillo todo, cubriéndolo con el escaso sueldo que tenía en Catedra de Anatomía Patológica como jefa de trabajos prácticos. Así fue, viajaba una vez por semana con los resultados y partía con nuevos materiales quirúrgicos,  hasta fines de octubre de ese año, cuando me avisan que HABIA SALIDO MI CARGO de 18 horas!!!!

Ya era médica “oficial” del Hospital! Que felicidad! Comencé a ir 3 veces por semana y en el Laboratorio, a donde era jefe Dr. Jorge Nahal, me hicieron un lugar,  justo a donde una monjita, (por entonces vivían en la institución), que se llamaba Graciela igual que yo,  hacia los grupos sanguíneos,  me enseño a hacerlos y yo le enseñaba las piezas que operaban, cáncer de mama, estomago, intestino,  de hígado, riñón, tiroides,  canceres de todo tipo, los de ovario fueron los que más me llamaban la atención, ya que eran justamente tumores “raros”, y eso que en esa época de mi residencia en Hospital Córdoba, había excelente servicio de ginecología con Dr. Julio Cesar y luego Giménez a la cabeza, y tenían pacientes venidas de todo el norte del país y países vecinos.

Recuerdo que con la ayuda de Jorge Nahal, que también me dio un microscopio que había tramitado para él, conseguí me habilitaran un espacio amplio, al frente de Rayos y cerca de la guardia.

Por entonces rendí las dos especialidades, de anatomía patológica y de citología en Consejo Médicos Provincia.

También la directora me ofreció a alguien para que me ayudara con informes y otros, fue la famosa Rafaela Irene García, que es parte de otra historia a contar. Fue la primera técnica histológica idónea del Hospital, ya que le conseguí se formara en el hospital San Roque a donde era yo docente, en catedra Dr. Agustín Piva. Que también nos donó un micrótomo para cortar el material!!! Ella se ganó el afecto de todos.

           Un día llego a verme el Dr. Eduardo Kaplan, y me pregunto si podía hacerle los Papanicolaou de LALCEC, ya que iban a Córdoba y era todo un trastorno por demora. Acepte por supuesto y fue ahí que conocí a otra inolvidable persona, la Sra. PIRA, luchadora incansable por pacientes de cáncer de Alta Gracia.

Así pasaron los años, hasta que en 1983 llego la democracia y el Dr. Pablo Constantini a la Dirección,  quien renovó mi nombramiento en capacitación y docencia, ahí organizábamos ateneos y anatomo-clinicos para todo el personal, los días miércoles a las 11, infaltables invitados de Córdoba, como Profesor Dain el infectologo, el  Dr Garcia, ginecólogo del H. Córdoba , que hablaba sobre sexualidad y los 6 tipos que se describían, toda nueva teoría para esa época, invite a mi padre que hablo sobre epistemología como filósofo, Dr. Guidi el pediatra que había sido mi puente, un  docente del san Roque, cuyo nombre no recuerdo en este momento, nos habló sobre Darwin. Por entonces se produjo algo muy importante, LA CREACION DE LA RESIDENCIA DE MEDICINA FAMILIAR Y GENERAL!!! de manos del Ministerio de Salud de la Provincia y a cargo del Dr. Carlos Paz, y, como el Dire. Constantini me dijo, yo era única que tenía una jefatura de residencia hecha, me nombraba INSTRUCTORA DE ESOS RESIDENTES. Imaginen, reuniones asiduas en el Ministerio de Salud y en zona sanitaria 5, Hospital Domingo Funes de Cosquín. De donde también dependíamos por entonces.

Así estos jóvenes residentes debían cumplir sus rotaciones por las cuatro especialidades  básicas, cada año, también iban a todos los dispensarios del Departamento Santa María, a atender y hacer los Papanicolaou, que yo también contestaba además de los de Lalcec. Algunas veces los acompañaba, nos llevaba Ramoncito en un jeep, un tanto destartalado a  San Clemente, Anisacate, La Bolsa, Los Reartes, Villa ciudad de América, Villa del Prado, Santa Ana… perdón si olvido alguno. En esos puestos solo había una enfermera y nos recibían como una bendición! He participado incluso de alguna fiesta patronal, bailes en piso de tierra y domas de caballos y he tomado mate con cada familia que nos invitaba a sus casas/rancho, con mucha dignidad y  a mucha honra!

También pensé por entonces, que necesitábamos mesa de autopsias, disculpen si lo cuento, pero teníamos por ese tiempo, un número importante de anomalías fetales, bebes que nacían con malformaciones y eran algunas incompatibles con la vida, como anencefálicos, también, síndrome de Edwards y síndrome de Pateau. Conseguí libros sobre el tema, Dra. Marita Martinez me presto uno y yo lo fotocopie, también bastantes anomalías placentarias.                   Entonces y como no había presupuesto, hable por una radio local, pidiendo materiales, cemento, hierro, canillas, mangueras, etc. Debo mencionar especialmente a una cementera de entrada a la ciudad y a ferretería Barrandegui que me donaron todo lo que necesitábamos. A partir de ahí y con empleados de mantenimiento que tenían horas para devolver, enfrentamos el desafío, con un dibujo que le hice a la mesa de autopsias del hospital Santa María, de salud mental (en verdad había ido a pedir me la donaran ya que allí no se usaba, lo mismo que un microscopio de inmunofluorescencia que había en desuso pero no lo conseguí). Con Rafaela nos hicimos de un mueble biblioteca con vitrinas, allí “armamos” un MUSEO de tumores raros, piezas para aprendizaje de los médicos o estudiantes que quisieran venir a ver y aprender, incluso tuvimos serpientes embalsamadas típicas de la zona, cascabel, yarará, etc.

Iba también de rutina según me necesitaran,  a consultorio gineco y hacíamos punciones de mama, además de los PAPANICOLAOU de Lalcec y toda la zona de influencia ya mencionada, hicimos los ciclos hormonales, para detectar momento ovulación de las chicas que tenían dificultad en embarazarse, detectábamos en recién nacido con sexo indefinido, la cromatina sexual, XX (mujer), Xy (hombre) raspando su mejilla interna y haciendo un rápido extendido coloreado con azul de metileno; diagnosticábamos a través del esputo de los pacientes, canceres de pulmón de modo simple y rápido. Nunca olvido a uno en especial, Don Toranzo, que trabajaba en una mina camino a la Paisanita. El nos homenajeo con un asado a grupo de médicos y sus palabras fueron “….Dra., me va quedando poco hilo en el carretel….” Murió días después.  En ateneos de clínica médica discutíamos casos, en cirugía hacíamos cortes por congelación con mi micrótomo que traía especialmente para esas cirugías y además con Dr. Daniel Torrecillas, punciones de hígado, etc. Debo hacer mención especial a El que me ayudaba a pedir lo que necesitaba para mi trabajo, cada vez más amplio, intenso y abundante. Al fin conseguí cargo de 35 horas. Aunque en el 89, con crisis, el sueldo me llego a alcanzar solo para cubrir mis boletos de colectivo, así la vida.

Fueron 11 años de dedicación, pasión y amor al pueblo de ALTA GRACIA. Y a ese hospital que bautizaron ARTURO ILLIA.

Recuerdo una vez y dado que ya tenía 3 hijos, estaba divorciada y todo en mis espaldas, fui a verlo a Dr. Eduardo Luppi, por entonces Presidente del Senado, para pedirle un traslado a algún centro de salud de Córdoba, (por mis hijos, para estar más cerca) y él me dijo algo que fue muy fuerte, que “me necesitaban en Alta Gracia”. Salí agradecida por sus palabras y seguí……..

Hasta que un día, año 1992, me llega notificación para ser miembro tribunal concurso para cargo de patólogo en Hospital Córdoba, no lo podía creer, después de pensarlo mucho y en el fondo, confiando en que no iba a ganar, renuncie a ser del tribunal y me presente al concurso y gane!!! Y me lo impugnaron, igual volví a ganar! Firmo mi nombramiento  el gobernador Dr. Eduardo Cesar Angeloz, a pesar de que en lo personal y dado militaba desde hacía tiempo para el peronismo con Julio Tejeda, Enrique Garay y Omar Godoy, andaba llevando mis papeles de curriculum al Hospital Córdoba, con un afiche con la cara y la famosa frase de J. M. De la Sota, “saltemos el charco”. Pero me RESPETARON, a pesar yo sabía ese cargo tenia nombre y apellido, alguien a quien estimo, pero fueron JUSTOS. Sin trampas.

Un día triste mi partida, me despedí de todos y volví a trabajar a donde me había formado. Iba a ser cola de león y dejaba de ser cabeza de ratón, como alguien me dijo y no olvido. Además, no tenía que viajar más a diario, iba a estar al fin al menos, cerca de mis hijos. Con el tiempo y por carrera medico hospitalaria ley 7625, llegue a ser jefe de Servicio.

Cuando el año pasado, me entero que la patóloga que quedo en mi lugar se jubilaba y cerraban el SERVICIO DE ANATOMIA PATOLOGICA EN EL HOSPITAL ARTURO ILLIA, fue como si me cayera una guillotina, el Hospital que al tener esta especialidad invisible pero indispensable, dejaba de ser de segundo nivel y volvía al primer escalón,  de un solo golpe, de nuevo igual a 1981.

¡¡¡Atrasamos de una estocada casi 40 años!!!

Gracias, gracias, gracias por leerme. Mi corazón se partió. Solo respiro suavecito para que duela menos.

(*)  Medica patóloga y citologa.

 MP 11391/5.

ME 3085/3091

Escrito en homenaje al cercano día del médico, 3 de diciembre de 2020.

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